miércoles, julio 07, 2004

Un problema llamado Marta


Artículo Localeando, 7 de julio de 2004

Lo acontecido la semana pasada con el ahora ex -secretario particular del Presidente Fox, Alfonso Durazo, le ha inyectado una mayor dinámica al espectro de los acontecimientos políticos nacionales y adicionalmente el gobierno federal sigue sin poder alejarse de momentos tormentosos.

Desde el principio de la actual administración, la situación se volvió polémica (quien no recuerda la toma de posesión del presidente cuando nombro primero a sus hijos) de tal suerte que para hoy en día los acontecimientos son de escándalos cargados de intrigas: videos, fracturas partidistas, desencuentros ciudadanía-clase política, inseguridad, etcétera. Y en medio de todo esto y para no perder la costumbre la renuncia de Durazo.

Hablando de renuncias se me viene a la mente la de Paul O’Neill, ex – Secretario del Tesoro de los Estados Unidos, que dejo al actual gobierno estadounidense en diciembre del 2002. Su renuncia le causo y le sigue causando buenos dolores de cabeza al Presidente Bush.

Basta recordar que las diferencias entre ambos personajes, debido a los recortes de impuestos, declaraciones vertidas por O´Neill en el sentido de que la invasión a Irak estaba planeada desde antes del 9/11 más sus aportaciones al Libro titulado “El Precio de la Lealtad” elaborado por Ron Suskind, siguen siendo fuente de no pocas reflexiones entre cientos de analistas, periodistas y electores. Incluso muchos consideran este hecho como uno de los detonantes de la muy probable debacle electoral de Bush.

La relación con el caso Durazo viene a colación porque es probable que éste se convierta en el O’Neill de Fox. Las renuncias de Castañeda y Aguilar Zinser si bien dieron de que hablar, no cuestionaron en su momento los presuntos deseos de Marta Sahagún por ser candidata presidencial. Éste es un terreno delicado. Los motivos de ambas renuncias fueron de la índole de cada una de las carteras que ocupaban dichos funcionarios: política exterior y la ONU.

En cambio uno de los motivos, sino el principal, de renuncia de Durazo es el ya mencionado: La esposa del presidente. De entrada comparto plenamente el argumento de Durazo en el sentido de que México esta preparado para que una mujer dirija su destino, pero no para que la esposa del actual mandatario se convierta en el o la siguiente presidenta.

México es un país que recién comienza a consolidar algunas de sus instituciones y no puede poner en riesgo ese poco avance logrado a causa de una maniobra que huele a una reelección disfrazada.

Cuando Bill Clinton estaba por terminar su segundo mandato, diversos analistas norteamericanos manejaron la idea de que Hillary, su esposa, podría ser la sustituta en el cargo, pero ese es un lujo que en México aun no podemos darnos. La reelección presidencial no tiene el mismo significado en ambos países y mucho menos los niveles de institucionalidad son comparables.

Desde un principio Marta pintaba para ser fuente de  polémica. Su visible y marcada actitud de protagonista vienen desde momentos de la campaña presidencial, sino es que antes. En aquel tiempo, la entonces vocera casi escoltaba al candidato en muchos de los actos de campaña, cuando su función era permanecer en algún lugar fijo recibiendo y revisando las notas que le enviaban los reporteros del candidato para analizarlas, procesarlas y colocarlas en los medios como noticias importantes, entre otras funciones.

Ganada la presidencia, la obsesión por influir en el presidente se volvió casi una necesidad de vida para Marta y no menguo sino hasta que vio realizado su sueño: ser primera dama. Pero aun más, esa obsesión lejos de opacarse se abrillantó, generando lo que todos ya conocemos.

Algunas actuaciones de Marta han sido más cuestionables que otras. Como no recordar esa respuesta y los gestos de la presidenta de Vamos México cuando en una entrevista en el noticiero En Contraste contesto “Y porque no he de ser candidata”. Esa respuesta y actitud demostraron inmadurez, infantilismo, nula responsabilidad, risita sarcástica, comportamiento mimado; como si se tratase de una niñita que piensa lo puede tener todo. Había otras formas de responder.

Lo peor del caso es que los deseos de Marta por aspirar a la presidencia no pueden ser limitados mas que por ella misma, cosa que se antoja difícil, y por el presidente Fox, por nadie más. La experiencia que dejo el intento del PRD por bloquear la candidatura a gobernador a la esposa del actual mandatario de Tlaxcala así lo señala. El TEPJF obligó a este partido a modificar los candados que había diseñado para evitar las sucesiones dinásticas y que desgraciadamente se han dado en algunos municipios mexicanos.

Así las cosas, el PAN tiene pocas salidas al problema llamado Marta. Como partido puede tomar acciones radicales; expulsarla del PAN, por ejemplo. Pero esta decisión no garantizaría que ella se abstuviera de participar en las elecciones del 2006, si es que así lo esta pensando.

Marta se escuda en sus altos índices de popularidad (que le ha dado el ser primera dama) para seguir promoviendo su figura, pero no se da cuenta que con sus actos contribuye a des-educar a una sociedad que en lo general recién comienza a aprender en la vida democrática.

Marta se aprovecha de la insuficiente vocación republicana y del desconocimiento que aun tenemos  muchos mexicanos sobre los pilares necesarios para una consolidación del marco institucional. Eso Marta lo sabe y aun así continua, por lo que me pregunto ¿Refleja la actitud de Marta una actitud patriota o por el contrario es una actitud egoísta?

Cuando el presidente Fox señala que son los medios los que la han colocado como candidata se equivoca. El presidente no ha comprendido a estas alturas del juego que en política lo que aparenta es. Ha sido la misma Marta la que ha generado esta situación con sus comportamientos y respuestas. Ahora por lo tanto se exige que sea ella misma la que anuncie que definitivamente no contendrá en el 2006.

Ubicar la barrera que separa entre la vida personal y la vida profesional entre una pareja no es nada sencillo, menos cuando se trata de poder. Solo la madurez de los integrantes de la misma ocasiona que se tomen decisiones adecuadas en terrenos ambiguos. Ojalá Marta tenga esa madurez necesaria.

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