domingo, febrero 06, 2005

El ser ciudadanos (1)

 La evolución del ser ciudadano es un proceso inagotable porque va amarrado con la evolución del ser humano. A medida que los asentamientos humanos crecen y se hacen más complejos el ser ciudadano sufre transformaciones que no necesariamente conllevan hacia un bienestar colectivo. Hoy en día muchas ciudades (y las ciudades forman países) parecen vivir un proceso de desciudadanización; la violencia aumenta, los valores cívicos se ignoran, la participación ciudadana es apática y los gobernantes se apoderan del destino social.

Desde los primeros días  en que el hombre se asentó en un lugar determinado, es decir dejo de ser nómada, ha tenido que ir desarrollado ciudadanía para adaptarse a las realidades que le rodean. La convivencia entre los seres humanos sufrió cambios por lo que las reglas tenían que ser actualizadas; no es lo mismo la convivencia ambulante (nómada) que la convivencia fija (comunidad).

Ya desde las primeras civilizaciones se manifestaban de manera escrita los reglamentos que señalaban, entre otras cosas, el ser un buen ciudadano. De hecho los diez mandamientos son reglas que de cumplirse te hacen un buen católico. El Código de Hammurabi marco la pauta al ser el primero. El hombre reconocía la importancia de su participación en los asuntos públicos. Posteriormente se dieron muchos más como el Juramento de los Atenianos, de Atenas en Grecia.

De este maravilloso juramento destaco las siguientes frases (puede obtener el juramento completo en http://localeando.tripod.com): ”...Veneraremos y obedeceremos las leyes de la ciudad y haremos nuestro mejor esfuerzo para  incitar al gusto del respeto y reverencia en aquellos que son propensos a anular o situarse en la nada; Nos esforzaremos incesantemente para acelerar en la comunidad el sentir del deber público...”

Desmenuzando lo anterior comprenderemos el porqué del alto grado de desarrollo de los atenianos; existía una profunda conciencia del ser ciudadano y en el que no lo había se le inculcaba para sacarlo de la nada. Atenas nos demostró que el ejercicio activo de la ciudadanía conlleva a una armonía colectiva.

Ser humano y ser ciudadano no es lo mismo. El primero implica meramente rasgos naturales (físicos y emocionales) mientras que el segundo involucra valores de convivencia aprendidos en el seno familiar, educativo o social, permitiendo que las sociedades tengan futuro. Así entonces la humanidad requiere de ciudadanos (no solamente de seres humanos) para definir normas y cultivar valores que den viabilidad de existencia.

Pero ¿Qué pasa cuando la ciudadanía como concepto se relaja entre los seres humanos y ésta permanece en unos cuantos (gobernantes, políticos, líderes sociales, empresarios, intelectuales), quiénes haciendo uso de los derechos que otorga la misma se apoderan del destino social? La respuesta hoy la estamos viendo; rehenes de unos cuantos que únicamente velan por mantenerse en sus cotos de poder.

El “equilibrio” es una palabra clave dentro del desarrollo de una sociedad. No se puede tener gobiernos avanzados y modernos si no existe una ciudadanía fuerte y consolidada, de hecho aún habiéndola no hay una garantía completa. Cuando un ser humano deja de ser ciudadano esta contribuyendo a un desequilibrio que se reflejará tarde o temprano en el marco de la convivencia social. Basta ignorar una luz roja en la calle o sacar la basura a horas no adecuadas para contribuir a un desequilibrio.

Las responsabilidades y obligaciones cívicas del ciudadano ante la sociedad son intransferibles por la sencilla razón de que otra persona no puede cumplirlas en nuestro nombre, al menos no eternamente, y si lo hace refleja un alto grado de ciudadanía. Ejemplo: una persona sale de vacaciones y solicita al vecino que saque la basura.

En lo general se puede clasificar al ciudadano en tres segmentos: a) ciudadano alejado de asuntos públicos, b) ciudadano que interactúa con el gobierno y c) ciudadano que se involucra con el gobierno.

En el primer segmento, el ciudadano meramente cumple con leyes y reglamentos escritos y no escritos (paga su agua, saca los permisos correspondientes para construir, respeta signos de tránsito, etc) por lo que su actividad se mantiene alejada del gobierno. Su participación se circunscribe a opinar en reuniones familiares, de amistad o laboral. Su preocupación básica es el ofrecimiento de servicios públicos de calidad aceptable. Fuera de ahí se siente satisfecho. Los ejemplos son: ama de casa, comerciante, chofer, cargador, obrero, etcétera.

Respecto al segundo segmento el ciudadano tiene una relación de interés con el gobierno, es decir, sus actividades se relacionan con la calidad de los servicios del gobierno por lo que espera un valor agregado en ellos. Nace una relación cliente (ciudadano)-empresa prestadora de servicios (gobierno). Participa en asuntos colectivos solo sí se relaciona con la calidad de los servicios. Los ejemplos son; abogado (uso de tribunales), arquitecto (licencias de construcción), entre otros.

En el tercer segmento se ubican aquellos ciudadanos que participan con el gobierno en la generación y diseño de políticas públicas. Dada la naturaleza y el esfuerzo adicional que ello implica son escasos. Su participación la realizan ya sea de forma individual o colectiva mediante organizaciones civiles, empresariales, académicas, entre otros.

Es común que el ciudadano del segundo segmento pase a formar parte del tercero, pero retorna cuando siente satisfechas sus necesidades. Es distinto cuando el ciudadano del primer segmento pasa a formar parte repentinamente del tercero. Cuando ello ocurre significa que está desesperado, frustrado y/o molesto con el gobierno, generándose indicios de malestar social.

Un claro ejemplo de lo anterior fue la marcha contra la inseguridad realizada en Ciudad de México el 27 de Junio del 2004. Ciudadanos del primer segmento pasan a formar parte del tercero y como el proceso no es natural, y además es repentino, los gobernantes actúan de manera reactiva y no efectiva.

Se ha malentendido que ser ciudadanos del primer segmento significa dejar de participar en los asuntos colectivos. Un claro ejemplo: la asistencia a las juntas de vecinos es nula, de aquí que los partidos políticos las hagan suyas.

Continua...

 

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