domingo, septiembre 11, 2005

Katrina en Houston

Para este lunes 12 de septiembre tenía pensado escribir sobre la disposición aprobada por el Congreso de Coahuila en el sentido de no permitir el acceso a las cuentas públicas de los gobiernos municipales, decisión lamentable y retrograda, pero mi escala y estancia en Houston por un día el pasado martes 6 de septiembre me hizo desviarme de mi intención original.

Desde que me entere por los medios de comunicación que Houston estaba recibiendo a miles de refugiados provenientes de Nueva Orleáns, sabía que tendría una aventura especial durante mi escala. Pero iniciemos por el principio.  Arribé al aeropuerto de Houston a las 11:30horas y todo fue normal, a pesar de que esperaba un mayor movimiento. Los vuelos con refugiados se dirigían a Dallas, Oklahoma, Arkansas. Houston estaba abarrotado de damnificados que habían llegado por tierra.

Ya fuera del aeropuerto esperé por la llegada de la Van del hotel. Al subir noté que solo iba una persona (un hispano) con su hijo. Comencé a indagar con “la chofer” sobre su origen (era salvadoreña y llevaba años radicando en EU) y otras cuestiones generales. En cierto momento pregunte sobre Katrina y los efectos que estaba teniendo en la ciudad. Inmediatamente me miró por el retrovisor y me dijo -señalando a su copiloto- “he aquí un efecto de Katrina”.

El “copiloto”, de nombre Douglas y de origen nicaragüense, resultó ser habitante de Nueva Orleáns. Se encontraba en la Van porque estaba aburrido de permanecer tanto tiempo en el hotel en calidad de refugiado, por lo que pidió a la chofer acompañarla para distraerse un poco.

Durante el traslado aeropuerto-hotel me comentó que no sabía como estaba su casa en Nueva Orleáns; que su familia estaba dividida entre Miami, Arkansas y Houston; que afortunadamente la compañía para la que trabaja (Mitsubishi) hizo los arreglos necesarios para que siguiera trabajando desde Houston y que pensaba seriamente mudarse a esta ciudad texana. Estaba harto de los huracanes y principalmente deseaba ofrecer mayor seguridad a su hijo.

Llegamos al hotel y observé lo que me temía; estaba atestado de refugiados, la mayoría (por no decir todos) eran de color. Había carteles y anuncios improvisados con información sobre asistencia por cualquier lado. Sobresalían los teléfonos de FEMA (Agencia Federal para el Manejo de Emergencias) y de la Cruz Roja Americana.

Me acerqué a la recepción del hotel con mis presentimientos por delante. El administrador, rodeado de papeles, faxes y una impresora, me dijo que en ese momento el hotel estaba lleno por lo del huracán pero que tendría mi habitación tan pronto se desocupara una. Dos personas más estaban en mi misma situación. Nos recomendó ser pacientes y visitar un Mall ubicado a unas cuadras. Yo esperé en el lobby; quería observar el movimiento y los procesos ahí generados por motivo de la situación de emergencia. Una cosa me quedo clara: Katrina tuvo consecuencias inesperadas y es que “como algo así puede pasar al país más poderoso del mundo”. ¡Jamás!.

En el lobby escuchaba con un oído CNN y con el otro escuchaba al administrador y un par de empleados más intercambiando información con la gente que llegaba al hotel. Niños, jóvenes y adultos trataban de pasar el tiempo con lo que fuera.  

Los noticieros indicaban que la prioridad por el momento era encontrar hospedaje para las decenas de miles de ciudadanos que habían perdido sus casas, dado que las tareas de reconstrucción tardarían meses. Tan solo el reestablecimiento de la electricidad en Nueva Orleáns tardaría aproximadamente ocho semanas. Otra necesidad; colocar a los niños damnificados en escuelas de otros estados para que no pierdan su ciclo escolar (Douglas iría al día siguiente a matricular a su hijo). Para esto el Internet ha sido una maravillosa herramienta de comunicación, organización y distribución de información.

Katrina caló hondo entre los afroamericanos. El toque racista apareció desde la semana del huracán al transmitirse básicamente imágenes con gente de color y es que por sus condiciones sociales eran los que mayormente resultaron afectados. Sin duda que el avance logrado por los republicanos y Bush entre esta comunidad en las pasadas elecciones se verá mermado.

Esperando en el lobby observamos en la TV una rueda de prensa ofrecida por Donald Rumsfeld. El Secretario de Defensa declaraba que el ejercito podía librar al mismo tiempo la batalla contra el terrorismo mundial y atender el desastre natural provocado por Katrina. Y quizás sea así pero en ese instante era difícil de creerle ¿Donde estuvo la guardia nacional los tres días siguientes al desastre?.

Los ciudadanos ya no confiaban en su gobierno (local, estatal o federal) y los que quedaban en Nueva Orleans se resistían a abandonarla por temor a que sus pertenencias fueran robadas. ¡Sucede hasta en EU!. Rumsfeld (republicano) atribuía la tardanza a las autoridades estatales y locales (demócratas) y viceversa; las autoridades locales se excusan diciendo que ellos dieron la alarma.  Imaginé que estaba en México. ¿Dónde estaba el liderazgo? ¿Qué es mejor; tener muchos recursos o estar bien organizados?

Un reportero solicitaba a Rumsfeld un cronograma (time line) sobre este histórico desastre para poder analizar mejor la actuación de los gobiernos porque todo resultaba confuso. Tal cual político, la respuesta del Secretario fue simplemente evadirla. Una persona de color, originaria de Nueva Orleáns, y sentada junto a mí me expresó toda su frustración con la mirada.

Un par de horas después estaba en la habitación. En ella reflexionaba infinidad de cosas pero me intrigaba una: los funcionarios federales subestimaron la situación. Muchos en EU se cuestionan el perfil del director de FEMA (Michael Brown), amigo de Bush. De hecho desde el viernes ya no es el responsable directo de resolver la crisis. ¡Los amigos salen caros!

Estuve tan solo 24 horas en Houston pero fue suficiente para sentir el enorme efecto que tiene y tendrá Katrina en la política interna de EU. El 9/11 fue diferente porque el patriotismo los cegó de sus errores. Katrina es otra cosa; no solamente dejará daños materiales y pérdidas de vidas humanas. Ha cimbrado la relación ciudadanos-gobierno y la relación entre gobiernos federal, estatal y local. Con el tiempo conoceremos los resultados allá pero aquí en México debemos aprender de esa experiencia ahora.

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