jueves, junio 25, 2009

Mi voto será…

Artículo Localeando, 25 de Junio de 2009 
Jaime Villasana Dávila 

Desde la colocación del tema “voto en blanco (o nulo)” sobre la mesa del debate público mucho se ha debatido al respecto. Argumentos a favor y en contra los hay de todos colores y sabores, siendo vertidos por personajes de cualquier perfil incluyendo los políticos, quienes por razones obvias hacen campaña en contra de este tipo de voto.

Los argumentos de uno y otro bando en su mayoría son válidos y justificados. Algunos acuden a hechos históricos, a las características de nuestras instituciones y/o a la idiosincrasia del mexicano. Las opiniones están polarizadas respecto al voto en blanco tal como aconteció con AMLO en 2006; o se le quiere o se le odia. No hay medias tintas y sus promotores no encuentran algo positivo en lo contrario. Se roza el fanatismo.

En medio del mar de argumentos y sin haber un claro ganador, lo único seguro es el triunfo arrollador del voto partidista sobre el voto en blanco, una opción permitida y tan legal como el primero. Esto no sorprende dada la programación de toda democracia para que así sea. Pero también hay democracias cuyas reglas las hacen más sólidas y sobre todo más ciudadanas (partidos municipales, candidatos independientes, etc.).

Algunos de los críticos del voto en blanco indican que el sistema político que tenemos es el merecido por México. Una ciudadanía apática a la participación, pero sobretodo tenedora de los mismos vicios poseídos por sus políticos, no merece más y por ello debe votar forzosamente por el menos malo, quien es tan diablo como el que le votará. Si lo hace en blanco está en un mundo irreal desde el cual podrá arreglar simplemente nada.

Hasta hace tiempo yo era uno de esos críticos. La frase “cada quien tiene lo que se merece” la aplicaba tal cual y era mi credo. Pero resulta que mi credo, como cualquier otro, tiene un límite (de lo contrario sería un fanático). Mis reflexiones concluyen que los ciudadanos sin cargos políticos y públicos, al votar desde la década de los 40s por el primer gobierno de oposición en México y actuando en otros años simbólicos como lo fueron 1968, 1988, 1989, 1997, 2000 y 2006, han construido una buena parte de la democracia.

Soy creyente de “la democracia no se limita al voto” pero estoy convencido que ha llegado el turno a los políticos (seres también pensantes y sabedores del bien y del mal) de hacer una mucho mayor parte.

Hasta ahora votar por alguien o “por el menos malo” no ha funcionado y tal vez un alto porcentaje de voto en blanco quizás les empuje a actuar. Por ello votaré así.

Al menos que estén esperando un movimiento civil como el que ahora mismo acontece en Irán.

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