jueves, octubre 22, 2009

¿Chinahuila, México?

Artículo Localeando, 22 de Octubre de 2009 
Jaime Villasana Dávila 

El priísmo coahuilense ratificó su avasallador predominio en el estado al ganar en 31 de las 38 alcaldías (en 2005 ganó 29). Con este resultado gobernará 93% de la población, gobernando ahora mismo al 65%. Un incremento considerable.

Por este escenario habrá de darse crédito a los estrategas del PRI-Coahuila, principalmente a su presidente, quien alguna vez comentó que, palabras más o menos, se compite electoralmente para llevarse el “carro completo”. Y aunque suene duro para la democracia estoy de acuerdo con ello ¿Acaso los dirigentes del PAN, PRD u otro partido en el mundo no quisieran llevarse el “carro completo” cuando compiten electoralmente?

Pero el problema para Coahuila no es esa ideología competitiva. Su problema, además de las formas y métodos empleados para competir, es que un exceso de concentración de poder en una fuerza política le llevará a un mayor desbalance democrático que tarde o temprano le pasará factura. Y esto no es nada nuevo, es algo lógico, ya conocido y ha pasado reiteradamente en México, Coahuila y otros países.

El avasalle priísta (al cual contribuimos el 60% de los que votamos) hará a algunos de sus miembros y socios aprovecharse de cargos públicos (todavía más), consolidará la opacidad, inhibirá aun más la participación ciudadana, “castigará” a empresarios por exigir un gobierno eficiente, arrinconará todavía más a adversarios políticos.

Así las cosas, el panorama en lo político y en las relaciones gobierno-sociedad no pintan bien en nuestro estado y es muy probable que sean los mismos priístas quienes caven su tumba si no responden a las exigencias sociales de gobierno responsable, cumplidor y trasparente y si no castigan a quienes no se apeguen a estos principios.

Bajo este escenario, los priístas coahuilenses deberán seguir una regla clave de los dirigentes chinos si quieren mantener el poder en estos niveles; el ser durísimos con los corruptos y malos funcionarios (algo normal en democracias consolidadas) o de lo contrario se cae su sistema socio-económico-político. Siendo franco no veo que algo así acontezca.

El PRI convence ciudadanos y aplasta a sus mediocres opositores (igualmente responsables de este escenario). Nos ubicamos muy lejos de aquel Coahuila plural y participativo de la década de los 80s y 90s, cuando el abuelo del ahora alcalde electo de Saltillo encabezaba algunas marchas y exigía apertura democrática.

Y si no somos, gracias al triunfo opositor en siete municipios, una China en México (por aquello que un partido lo gana todo), ¿acaso somos por ahora Chinahuila?

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