jueves, febrero 11, 2010

¿Preso del poder?

Artículo Localeando, 11 de Febrero de 2010
Jaime Villasana Dávila 

Diez años atrás el “clan Moreira” era un grupo familiar ya conocido dentro del priísmo. Pero hasta ahí. Eran los montemayoristas y enriquistas quienes dominaban el escenario político estatal pero no lo monopolizaban.

El primer bando se mantenía dado que el segundo le dejaba (voluntaria o involuntariamente) ciertos espacios de poder lo que a la postre era benéfico pues un desbalance del poder político es malo tanto para el PRI como para el estado.

A estos dos grupos dominantes agréguense los minoritarios liderados por Chuy María Ramón, Javier Guerrero, etc. Además recuérdese como el PAN era todavía un actor con capital político. Las cámaras empresariales jugaban también un rol principal. Había dos medios críticos al menos en la capital: Palabra y Vanguardia.

Existía entonces una estructura política de pesos y contrapesos tanto en Coahuila como al interior del priísmo coahuilense. Para este último ello representaba quizás una de las mayores fortalezas, pues era un partido plural en su interior cuyas corrientes competían entre sí para hacerse del poder. Algo deseable en cualquier partido.

Pero a partir del 2005 el escenario ha venido cambiando radicalmente al grado que hoy el priismo en Coahuila prácticamente no existe pues le han sido arrebatados sus ideales para incorporar otros de corte familiar. ¿Dónde quedaron esos líderes de corrientes internas del PRI-Coahuila como Enrique Martínez, Oscar Pimentel, Alejandro Gutiérrez, Javier Guerrero, Chuy María Ramón, Raúl Sifuentes, Rogelio Montemayor, entre otros? Se encuentra prácticamente exiliados, pues el grupo dominante (aunque unos dicen se trata de una sola persona) no acepta contrapesos.

Quizás nunca antes se había dado un grado de dominancia tan contundente como el que hoy acontece en Coahuila con los Moreira. El temor es el denominador común por estos días. Aunque no le resto importancia a un amplio programa de obras que la visten, en lo político (y quizás hasta en lo financiero) Coahuila hoy camina por una delgada línea. Se trata de mero sentido común.

El poder en exceso corrompe, ciega, aísla, desvaría, entorpece y deprava a quien o quienes lo poseen. Es antidemocrático y moralmente es antiético. Por ello su fin usualmente se fraga desde adentro y sus partes comienzan a desmoronarse a manera de rebeldía. Incluso algunos se alían con opositores pues ven su supervivencia igualmente amenazada. El gobierno fallido de Chávez es un buen ejemplo actual.

Ya se verá si el “clan Moreira” será preso de su propio exceso de poder. La cabeza de playa parece gestarse nuevamente en La Laguna.

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