jueves, marzo 10, 2011

Impactos de un viernes no común

Artículo Localeando, 10 de Marzo de 2011 
Jaime Villasana Dávila 

Muchos pensamientos, reflexiones y comentarios se expresaron debido a la balacera y bloqueos ocurridos el viernes pasado en Saltillo, hechos que tienen un alto significado no solo en materia de seguridad sino también en lo político, social y gubernamental. Además hay muchas preguntas por contestar, pero hacerlo sin fundamentos puede conllevar a la especulación irresponsable.

En este ambiente político polarizado las respuestas se formarían según a quien se le pregunte. Los priístas seguramente responderán que se trata de un problema nacional generado por la errónea estrategia calderonista contra el narcotráfico. Por su parte los panistas dirán que hay una profunda relación de hechos, apoyándose en las recientes declaraciones del ex –gobernador de NL Sócrates Rizzo (arreglo entre el régimen pasado y el crimen organizado), dando a pie a que actualmente acontece lo mismo en estados priístas.

En otros lares pero también en lo político los riesgos para el PRI parecen ser mínimos y el PAN se equivocaría si utiliza el actual escenario como argumento electoral en las ya muy próximas campañas. La prueba está en Chihuahua y Tamaulipas, entidades ganadas el año anterior nuevamente por el PRI a pesar de estar tales estados en esos momentos en condiciones realmente lamentables. Hoy están incluso peor.

Entrando a lo social el ambiente saltillense se ha modificado pero quizás no al grado de Torreón o Monterrey. Al menos no por ahora. No sé si mucho o poco, pero por un buen tiempo los saltillenses actuarán diferente, afectando por lo tanto la dinámica social. Los espacios virtuales en la Internet han contribuido enormemente a ello manteniendo incluso un ambiente de psicosis más allá de lo racional, lo que es perjudicial.

En el aspecto gubernamental el impacto fue y es igualmente incuestionable. Si en momentos normales no es fácil ser autoridad mucho menos lo es en tiempos actuales. Pero precisamente por esto la autoridad estatal (y municipal) deberá hacer uso de toda su experiencia, liderazgo y temple para manejar futuros hechos similares. Deberá transmitir inequívocamente seguridad y confianza a una sociedad sedienta de ello.

No puede ni debe repetirse lo acontecido en la rueda de prensa del viernes pasado; mostrándose a un gobernador desencajado y equivocando la lectura de su discurso, el cual tampoco ayudó en nada pues su texto brincaba de una idea a otra sin ton ni son. En resumen, no puede convertirse en un símil del gobierno de NL. Ser así significaría ceder la plaza y, peor aún, dar la puntilla para transformar los valores y costumbres de una sociedad que han costado mucho forjarlos.

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