De pasada por Tokio; algunos comentarios sobre Japón
Publicada el 3 de
agosto 2026 en Más Información
DESDE AFUERA - Jaime Villasana Dávila
Tokio, Japón.- Por
cuestiones familiares y de logística, cada verano que regreso de mi estancia por
un mes en Saltillo (mi ciudad natal) y en la ruta para Bangkok (donde ahora vivimos),
toca pasar y quedarse en Tokio por unos días. Es una ciudad que conozco algo
luego de haber vivido en ella por dos ocasiones.
La primera aconteció allá por 2005-2006. En aquellos años me tocó vivir el final del gobierno del entonces primer ministro Junichiro Koizumi y cuyo mandato duró cinco años (2001-2005). Fue un gobernante popular por su forma extrovertida de ser y sonrisas frecuentes. A las/los japoneses les gustaban su carácter, pues le dio frescura a la férrea y muy seria clase política japonesa.
También me tocaron los primeros tres meses de mandato del entonces novato primer ministro Shinzo Abe (septiembre 2006-septiembre 2007), cuyo abuelo materno ocupó el cargo de 1957 a 1960. Su nombramiento se debió más por su familia (o pedigrí) y no por su competencia. Y es que en Japón la política está conformada todavía en buena medida por familias, algo así como nepotismo, aunque viene en decadencia ante el surgimiento de votantes de otro perfil que ya no prefieren el tradicionalismo.
Regreso al primer mandato de Shinzo Abe; tan pronto como tomó el cargo en aquel lejano 2006, se notó que no iba a durar; era muy dubitativo al hablar y se notaba a leguas que él no era quien mandaba, sino quien le rodeaba. Duró tan sólo un año en el cargo.
Pero la política da revancha. Abe regresó por sus fueros y esta vez lo hizo de manera avasalladora y muy duradera para el estándar japonés; gobernó de 2012 al 2020, tocándome sus últimos dos años de gobierno, pues regresamos a vivir a Tokio del 2018 al 2022. Para entonces Abe era una personalidad mundial y amigo de Trump. No pudo sacar a Japón del estancamiento económico que sufre desde los 90s, pero le dio estabilidad política y la cual volvió a perder Japón luego de Abe.
Hoy gobierna a Japón una mujer, siendo la primera vez que ello sucede, tal como acontece en México. La primer ministro Sanae Takaichi tomó el poder en octubre de 2025 para sorpresa de todos. Su nombramiento fue una jugada de tres bandas del partido dominante desde la década de los 50s: la popularidad del partido venía en picada por asuntos de corrupción y estancamiento económico. A ello había que sumar la creciente amenaza china.
Era el momento de elegir a una persona “nueva” con posturas conservadoras y de perfil “halcón” o que no le temblará la voz para hablar de temas controvertidos nacionales o internacionales, como la importancia de un Taiwan independiente para la seguridad de Japón. Y esa persona era Takaichi y quien, por ser mujer, daría dos cosas adicionales al partido en el poder (Partido Liberal Democrático, PLD); a) una persona no vinculada a las familias tradicionales en el poder y b) su género desviaría la atención del electorado sobre los asuntos de corrupción del partido.
La elección de Takaichi le ha salido redonda al PLD hasta el momento, pero luego de varios meses de la clásica luna de miel de todo gobierno inicial y, que se ha extendido por ser la primera mujer primer ministro, la realidad comienza a asomarse nuevamente.
En estos pocos días que he estado en Tokio y leyendo algunos periódicos, se nota ya la crítica a algunas medidas de Takaichi. Una destacable es su plan de reducir el IVA a alimentos y bebidas del 8% al 1% a inicios del año entrante, es decir, implementar algo como en México, donde los alimentos no procesados (frutas, verduras, carne, huevo y tortillas) y agua natural no pagan IVA.
A primera vista pareciera una buena medida para ayudar a reactivar la economía y a las familias que menos tienen. Esto en medio de la inflación por los altos precios del petróleo y la muy baja valorización del Yen ante el dólar. Sin embargo, Japón tiene una deuda del 200% de su PIB (en México ronda el 50%, pero es más débil) y requiere de ese impuesto para sostenerla. Ciertamente es financiada por los mismos ciudadanos japoneses, pero la deuda es deuda siempre.
Otros vientos de frente para el gobierno de Takaichi es que el crecimiento para este año fiscal 2026 se calcula cerrará en 0.9% (similar a México), una cifra inferior a la estimación anterior del 1.3% debido al aumento de los precios del petróleo crudo y de la energía. Otro factor negativo es el consumo privado, cuya previsión de crecimiento se ha reducido al 0.9% también por el alza de los costos energéticos.
A esto debe sumarse la personalidad misma de Takaichi (se niega a reconocer ciertos errores) y la falta de explicación de algunos cambios que desea realizar a ciertas leyes, como la de sucesión imperial. Una mayoría de los japoneses aprueba que una mujer suba al trono, pero Takaichi y el ala dura del PLD se niegan a ello.
Lo anterior ha hecho que la aprobación del gobierno de Takaichi se ubique actualmente en 52% luego de haber arrancado con un 80% cuando arrancó en octubre. Sin duda una caída muy marcada.
En suma, al igual que el resto del mundo, Japón enfrenta tiempos complicados. No obstante las razones son muy distintas a las de México; aquí la inseguridad es prácticamente inexistente, la corrupción está controlada, se invierte en investigación, el poder judicial es independiente al igual que el instituto electoral y se mete a la cárcel a personas del partido en el gobierno, por citar estos casos. Ah, y no tienen un PEMEX que le quite inmensas cantidades de dinero al presupuesto público.
En otras
palabras, el PLD no es como el PRI, PAN y ahora MORENA en el poder y eso es una
gran ventaja para Japón. Por ello están donde están; Japón con uno de los mejores niveles de vida
a nivel mundial y el PLD en el poder desde prácticamente mediados 50s por no ejercer prácticas semi autoritarias, por auto limpiarse de corrupción cuando debe hacerlo y por corregir cuando debe hacerlo.
X: @jvillasanad
Web: www.jvillasanad.com

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