lunes, febrero 21, 2005

Identidad coahuilense: himno y ¿bandera?

“...Tu, Campeche, la madre querida, de marinos audaces, valientes. De esos hijos admira las frentes. Que hoy adorna la oliva de paz. Sin las luchas de tiempos pasados. Hoy en ellos descansas contenta. Y tu vida preciosa alimenta. Del trabajo el honrado jornal...”. El texto que recién acaba de leer corresponde a una de las estrofas del Himno de Campeche escrito por el Dr. Enrique Novelo y presentado en el Teatro "Francisco de Paula Toro", el sábado 16 de Septiembre de 1899, hace poco más de 105 años.

Quince días atrás visité la Ciudad de Campeche por motivos de trabajo. En mi estancia tuve la oportunidad de atender, sin querer, un acto oficial en el Congreso local. Durante el evento me sorprendió el canto del himno de Campeche; todos lo entonaban de manera vigorosa, muy diferente a cuando escuche cantar el himno de Coahuila durante el 5º. Informe del Gobernador en la Ciudad de México.

En aquel entonces, los ahí presentes entonaban un himno que, además de no conocer (pero trípticos con la letra y en pantallas aparecían también), no lo habían hecho suyo. Pensé que quizás se debía a que hace apenas tres años fue creado o quizás a que lo consideraban como un acto cursi.

Campeche me recordó que un himno no es cualquier canción; sus letras reflejan una identidad que se compone de elementos geográficos, históricos, sociales y políticos. El entonarlo requiere un profundo sentido de pertenencia al territorio que se habita o grupo al que se pertenece. Refleja la visión y objetivos, es decir el futuro, pero también el pasado junto con tradiciones y creencias.

Hasta donde pude investigar solo ocho Estados del país cuentan con un himno propio: Aguascalientes, Campeche (1899), Estado de México, Chiapas (1913), Yucatán, Tamaulipas (1926), Quintana Roo (1986) y Coahuila (2002). De estos, me ha constado que los himnos campechano y mexiquense son entonados activamente y fervorosamente en las ceremonias cívicas escolares o gubernamentales ¿Será así en Coahuila en un futuro o quedará en un intento por fortalecer una identidad?

Hay dos elementos esenciales en la construcción de una identidad colectiva: el himno y la bandera. Cualquier grupo, conjunto, comunidad o colectivo de personas con intereses comunes diseña y crea símbolos que le diferencian de otros y que les permite inspirarse en momentos difíciles. Esta acción de crear símbolos de identificación la vemos en el ámbito deportivo, empresarial, social, militar, cultural. 

Según mi opinión, el convocar a la creación de un himno coahuilense fue una decisión muy acertada por parte del actual gobierno estatal, pero también es cierto que dicha convocatoria debió haber conllevado a la creación de la bandera de Coahuila.

Hoy en día los Estados mexicanos carecen de bandera oficial a excepción de Aguascalientes y Baja California Sur, en cuyas constituciones se menciona como símbolo del estado la bandera de México, que no es una bandera propia. La bandera usada por las entidades federativas se limita a una bandera de fondo blanco con el respectivo escudo estatal en el centro, lo que expresa nuestra escasa tradición federalista, ello a pesar de fungir como una república como tal desde 1824.

Las banderas de Estados o Provincias no son una excepción en el mundo. En países como Alemania, España, Estados Unidos, Suiza, por citar algunos, poseen su propia bandera. En México el único Estado que posee una bandera propia no oficial es Yucatán; su diseño es un cuadrado verde en el extremo izquierdo con cinco estrellas blancas (dos parte superior, una en medio y dos parte inferior) y tres barras horizontales (una barra roja en la parte superior, una blanca en medio y una roja en la parte inferior).

La bandera yucateca ha sido utilizada en diversas ocasiones con distintos fines y la última vez correspondió a los conflictos electorales del 2001. En ese entonces el ya fallecido gobernador Cervera Pacheco, acudió a este símbolo para cubrir una fechoría que había cometido el instituto electoral de ese Estado y desafiar a las instituciones federales con intenciones separatistas.

Pero regresando a Coahuila y haciendo un poco de historia tenemos que la única bandera propia que el Estado ha poseído se remonta a la década de los 20’s y 30’s del siglo XIX. La bandera utilizada era similar a la de México (barras verticales verde, blanco y rojo) pero en lugar del águila devorando a la serpiente había dos estrellas; una en la parte superior y otra en la inferior.

Hay un debate respecto al color de las estrellas; algunos señalan que eran doradas, otros azul o verdes (puede ver la bandera en http://localeando.tripod.com). Cada una de las estrellas representaba a las regiones de Coahuila y Texas, que en aquel entonces formaban un solo Estado ¿La futura bandera de Coahuila debería ser con una sola estrella en el centro, de modo que se honre a la historia?. 

Algunos registros históricos señalan que esta bandera ondeaba en el fuerte del Álamo cuando las tropas mexicanas de Santa Anna arribaron ahí en 1836 con la finalidad de someter a los independentistas. El Coronel Juan Almonte, lugarteniente de Santa Anna, escribió en sus memorias lo siguiente; ...”el enemigo, tan pronto pudo ver la marcha de nuestra división, izó la bandera tricolor con las dos estrellas, que representaban a Coahuila y Texas”.

A partir de entonces, y según mis registros, Coahuila no ha contado con una bandera propia, por lo que la reciente composición de nuestro himno puede ser un buen comienzo que ojalá conlleve a completar la dupla perfecta de la identidad.

Por lo pronto espero que en las escuelas primarias del Estado se entone el himno coahuilense posterior al nacional para que en un futuro nuestro himno se entone con el fervor que se merece, como lo hacen campechanos y mexiquenses, y no con la frialdad con que fue entonado en el 5º. Informe de Gobierno.

Glosa: Tengo que confesar que los priístas “modernos” me inspiran sentimientos encontrados. Por un lado les reconozco el hecho de que enfrentan día a día a sus compañeros de partido que enarbolan el rancio y viejo priísmo (Bartlett, Madrazo, Murat), pero por el otro me frustran y desilusionan cuando votan en contra de reformas que contribuirían a mejorar este país (y ellos lo saben); me refiero al rechazo de la reelección de diputados federales y senadores.

 

 

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miércoles, febrero 09, 2005

El ser ciudadanos (2)

La semana pasada reflexionaba sobre la evolución del ciudadano como tal. Señale que ser humano y ser ciudadano no es lo mismo. Mientras el primero implica meramente rasgos naturales (físicos y emocionales), el segundo involucra valores de convivencia aprendidos en el seno familiar, educativo o social, permitiendo que las sociedades tengan futuro.

Escribí también que el “equilibrio” es una palabra clave dentro del desarrollo de una sociedad ya que no se puede tener gobiernos avanzados y modernos si no existe una ciudadanía fuerte y consolidada. Finalmente agregué que en lo general se puede clasificar al ciudadano en tres segmentos: a) ciudadano alejado de asuntos públicos, b) ciudadano que interactúa con el gobierno y c) ciudadano que se involucra con el gobierno.

Pues bien, ahora quisiera ahondar sobre la responsabilidad del gobierno, principalmente el local / municipal, en la construcción y consolidación de ciudadanía. El dicho afirma que “las sociedades tienen el tipo de gobierno que se merecen” y efectivamente así es, hasta cierto punto.

Si nos atenemos a que una de las funciones del gobierno es el bien común y sin embargo éste obstaculiza el desarrollo de la conciencia ciudadana tendremos entonces un ejercicio perverso del poder por parte del gobernante, que a la larga mermara en la viabilidad de la sociedad.

En México es muy común que los partidos políticos, una vez que arribaron al gobierno municipal, “partidicen” el principal instrumento existente de construcción y consolidación de ciudadanía; las juntas vecinales. Como si fueran de su propiedad, los partidos en el poder se adueñan de mecanismos e instrumentos que en su concepción pura son muy útiles.

Otro viejo vicio, que sigue con una alta presencia en los municipios mexicanos, es la conformación “a modo” de los consejos municipales. Evadiendo principios básicos de participación ciudadana (como la convocatoria pública, la existencia de reglas de participación, periodicidad de la participación y la sabiduría de quienes participan) muchos gobiernos locales siguen cometiendo las mismas fallas de sus antecesores. ¿La causa? Una cultura ciudadana distorsionada.

La visión cortoplacista que privilegia el “control” en aras de una supuesta “gobernabilidad”, sobre el debate abierto y la pluralidad, usualmente se impone. De aquí la importancia de impulsar novedosos programas de construcción de ciudadanía desde diversos frentes.

Existen muy diversas formas de contribuir a la consolidación de ciudadanía e incluso son varios los actores que la fomentan, entre ellos como ya lo mencione, el gobierno principalmente local / municipal.  Algunos gobiernos locales visionarios emprenden acciones que ayudan a generar o mantener ciudadanía entre los habitantes o bien a inculcar la que prevalece en la comunidad a los recién llegados a la misma.

Un ejemplo del primer caso (mantener ciudadanía) lo representa la Academia para el Liderazgo Ciudadano de Navolato, Sinaloa, iniciativa implementada por el gobierno municipal. Leyendo uno de los fundamentos que le dieron vida en dicho municipio me tope con un párrafo que me llamo mucho la atención y que a continuación cito: “En los últimos años en las instituciones del Estado de Sinaloa, y en algunas otras de nuestro país, se ha venido presentando una tendencia irreversible que involucra cada vez a los ciudadanos en las decisiones de Gobierno. La práctica cotidiana del pasado, en lo que refiere a programas de desarrollo local, se daba al margen de la participación ciudadana. En muchas ocasiones se conjugaba la falta de propuestas e iniciativas de la sociedad con la apatía gubernamental”.

Dentro del texto anterior destaca la última frase, debido a que reconoce el déficit existente en el rol que juegan tanto sociedad como gobierno, pudiéndose interpretar que ante la falta de propuesta del primero, el gobierno (entiéndase a todo los entes que lo conforman) simplemente se conducirá por donde mejor se le acomode y no necesariamente será por la consolidación de una ciudadanía plena.

Otro ejemplo que deseo citar y que se refiere a inculcar una ciudadanía determinada a recién llegados, es la Guía para los Nuevos Habitantes de Vancouver, Canadá (Newcomer’s Guide to the City of Vancouver). Siendo ésta ciudad canadiense una de las que recibe mayor migración (principalmente asiática), y que por lo mismo podría verse afectado su alto nivel de ciudadanía,  es que sus autoridades realizan esfuerzo adicionales.

Uno de los propósitos de este tipo de guía es hacerle saber al nuevo habitante que procede de otra ciudad o país aquella información que es importante para convertirse en un buen ciudadano de Vancouver; su nueva casa. Pero hay otro mensaje implícito que posee mayor relevancia: eres bienvenido y te invitamos ha que te incorpores a nuestra manera de ejercer la ciudadanía.

Si bien en su parte fundamental los valores del buen ciudadano son universales, existen algunos detalles o particularidades que requieren de ser resaltadas por las comunidades. De aquí la importancia de desarrollar programas o materiales como guías, folletos o trípticos. En resumen; el gobierno tiene una gran responsabilidad en cuanto a formación de ciudadanía y hay muchas formas de convertirlo en realidad, pero si la sociedad no aporta su parte, el desequilibrio se hará presente.

Glosa: El resultado de la elección en Guerrero deja un dulce sabor de boca. Siendo uno de los Estados más pobres del país, y por lo tanto muy susceptible para que sus electores sean “maizeados” (como seguramente lo hubo), los guerrerenses demostraron una alta cultura cívica al rechazar contundentemente un sexenio más de cacicazgos.

Sin duda la gestión de Zeferino Torreblanca traerá nuevos aires no solo sociales y políticos. Durante su gestión como Alcalde de Acapulco, más que obras espectaculares y programas populistas, Zeferino invirtió en aquello en lo cual los gobernantes no son muy asiduos ha hacerlo simplemente porque no deja votos: en la construcción de institucionalidad. Si no hay institucionalidad en una sociedad, en el largo plazo no habrán ni obras, ni programas ni viabilidad social, económica, política y cultural. Bienvenidos esta clase de políticos. Enhorabuena Guerrero.

 

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domingo, febrero 06, 2005

El ser ciudadanos (1)

 La evolución del ser ciudadano es un proceso inagotable porque va amarrado con la evolución del ser humano. A medida que los asentamientos humanos crecen y se hacen más complejos el ser ciudadano sufre transformaciones que no necesariamente conllevan hacia un bienestar colectivo. Hoy en día muchas ciudades (y las ciudades forman países) parecen vivir un proceso de desciudadanización; la violencia aumenta, los valores cívicos se ignoran, la participación ciudadana es apática y los gobernantes se apoderan del destino social.

Desde los primeros días  en que el hombre se asentó en un lugar determinado, es decir dejo de ser nómada, ha tenido que ir desarrollado ciudadanía para adaptarse a las realidades que le rodean. La convivencia entre los seres humanos sufrió cambios por lo que las reglas tenían que ser actualizadas; no es lo mismo la convivencia ambulante (nómada) que la convivencia fija (comunidad).

Ya desde las primeras civilizaciones se manifestaban de manera escrita los reglamentos que señalaban, entre otras cosas, el ser un buen ciudadano. De hecho los diez mandamientos son reglas que de cumplirse te hacen un buen católico. El Código de Hammurabi marco la pauta al ser el primero. El hombre reconocía la importancia de su participación en los asuntos públicos. Posteriormente se dieron muchos más como el Juramento de los Atenianos, de Atenas en Grecia.

De este maravilloso juramento destaco las siguientes frases (puede obtener el juramento completo en http://localeando.tripod.com): ”...Veneraremos y obedeceremos las leyes de la ciudad y haremos nuestro mejor esfuerzo para  incitar al gusto del respeto y reverencia en aquellos que son propensos a anular o situarse en la nada; Nos esforzaremos incesantemente para acelerar en la comunidad el sentir del deber público...”

Desmenuzando lo anterior comprenderemos el porqué del alto grado de desarrollo de los atenianos; existía una profunda conciencia del ser ciudadano y en el que no lo había se le inculcaba para sacarlo de la nada. Atenas nos demostró que el ejercicio activo de la ciudadanía conlleva a una armonía colectiva.

Ser humano y ser ciudadano no es lo mismo. El primero implica meramente rasgos naturales (físicos y emocionales) mientras que el segundo involucra valores de convivencia aprendidos en el seno familiar, educativo o social, permitiendo que las sociedades tengan futuro. Así entonces la humanidad requiere de ciudadanos (no solamente de seres humanos) para definir normas y cultivar valores que den viabilidad de existencia.

Pero ¿Qué pasa cuando la ciudadanía como concepto se relaja entre los seres humanos y ésta permanece en unos cuantos (gobernantes, políticos, líderes sociales, empresarios, intelectuales), quiénes haciendo uso de los derechos que otorga la misma se apoderan del destino social? La respuesta hoy la estamos viendo; rehenes de unos cuantos que únicamente velan por mantenerse en sus cotos de poder.

El “equilibrio” es una palabra clave dentro del desarrollo de una sociedad. No se puede tener gobiernos avanzados y modernos si no existe una ciudadanía fuerte y consolidada, de hecho aún habiéndola no hay una garantía completa. Cuando un ser humano deja de ser ciudadano esta contribuyendo a un desequilibrio que se reflejará tarde o temprano en el marco de la convivencia social. Basta ignorar una luz roja en la calle o sacar la basura a horas no adecuadas para contribuir a un desequilibrio.

Las responsabilidades y obligaciones cívicas del ciudadano ante la sociedad son intransferibles por la sencilla razón de que otra persona no puede cumplirlas en nuestro nombre, al menos no eternamente, y si lo hace refleja un alto grado de ciudadanía. Ejemplo: una persona sale de vacaciones y solicita al vecino que saque la basura.

En lo general se puede clasificar al ciudadano en tres segmentos: a) ciudadano alejado de asuntos públicos, b) ciudadano que interactúa con el gobierno y c) ciudadano que se involucra con el gobierno.

En el primer segmento, el ciudadano meramente cumple con leyes y reglamentos escritos y no escritos (paga su agua, saca los permisos correspondientes para construir, respeta signos de tránsito, etc) por lo que su actividad se mantiene alejada del gobierno. Su participación se circunscribe a opinar en reuniones familiares, de amistad o laboral. Su preocupación básica es el ofrecimiento de servicios públicos de calidad aceptable. Fuera de ahí se siente satisfecho. Los ejemplos son: ama de casa, comerciante, chofer, cargador, obrero, etcétera.

Respecto al segundo segmento el ciudadano tiene una relación de interés con el gobierno, es decir, sus actividades se relacionan con la calidad de los servicios del gobierno por lo que espera un valor agregado en ellos. Nace una relación cliente (ciudadano)-empresa prestadora de servicios (gobierno). Participa en asuntos colectivos solo sí se relaciona con la calidad de los servicios. Los ejemplos son; abogado (uso de tribunales), arquitecto (licencias de construcción), entre otros.

En el tercer segmento se ubican aquellos ciudadanos que participan con el gobierno en la generación y diseño de políticas públicas. Dada la naturaleza y el esfuerzo adicional que ello implica son escasos. Su participación la realizan ya sea de forma individual o colectiva mediante organizaciones civiles, empresariales, académicas, entre otros.

Es común que el ciudadano del segundo segmento pase a formar parte del tercero, pero retorna cuando siente satisfechas sus necesidades. Es distinto cuando el ciudadano del primer segmento pasa a formar parte repentinamente del tercero. Cuando ello ocurre significa que está desesperado, frustrado y/o molesto con el gobierno, generándose indicios de malestar social.

Un claro ejemplo de lo anterior fue la marcha contra la inseguridad realizada en Ciudad de México el 27 de Junio del 2004. Ciudadanos del primer segmento pasan a formar parte del tercero y como el proceso no es natural, y además es repentino, los gobernantes actúan de manera reactiva y no efectiva.

Se ha malentendido que ser ciudadanos del primer segmento significa dejar de participar en los asuntos colectivos. Un claro ejemplo: la asistencia a las juntas de vecinos es nula, de aquí que los partidos políticos las hagan suyas.

Continua...

 

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miércoles, febrero 02, 2005

Escenarios priístas

 Dentro de la campaña electoral que esta por arrancar formalmente, el principal competidor del PRI a nivel estatal estará en el mismo PRI y dicha competencia se dará en precampaña. A diferencia del proceso interno de 1999, hoy quien desafía al partido es un personaje menos ortodoxo a como lo fue Enrique Martínez en su momento. Las recientes y violentas declaraciones de Chuy María Ramón son el presagio de un proceso interno que se antoja de pronósticos reservados. Hoy Chuy María se encuentra en los zapatos que Enrique Martínez utilizó en 1998-99. Los zapatos se llaman “el ya me toca”.

Pero hagamos un poco de historia para tratar de colocar elementos que nos permitan adelantar escenarios. La lucha reciente por la hegemonía política dentro del PRI en Coahuila data desde principios de los noventa cuando un tercer grupo, con base en el norte, sólidamente construido desde los inicios de los años ochenta y ajeno a los dos tradicionales grupos políticos dentro del PRI Estatal (Laguna y Sureste) llega a la gubernatura. Hablamos de Rogelio Montemayor.

Previo al surgimiento de esta nueva fuerza interna, los grupos tradicionales atendían (y atienden) una regla no escrita donde el grupo que llega al principal cargo Estatal (la gubernatura) compartía el siguiente cargo en importancia, generalmente el de Secretario de Gobierno. Además la firme disciplina existente era un candado que aseguraba la unidad. Pero los tiempos cambian, y más las personas. Montemayor puso en el segundo cargo de mayor importancia a un miembro de su misma región (Carlos Juarísti) rompiendo así una regla de compartir el poder.

A partir de entonces, de la "intromisión" de un tercer grupo en discordia, hace que los dos viejos grupos políticos sufran una transformación profunda y celebren un renovado pacto de unidad, necesario para enfrentar el bien armado complejo de poder dejado por los “norteños”. Con el triunfo de un político del sureste (Enrique Martínez) la secretaría de gobierno correspondía para la Laguna (Sifuentes). La regla volvía a aplicarse.

El pleito legal de Montemayor en PEMEX mermó indiscutiblemente su influencia en el Estado y el andamiaje construido por el, muy poderoso por cierto, perduró únicamente durante la primera parte del sexenio martinista. Un líder sustituto y claramente visible no llego para este grupo aunque se pudiera decir que Chuy María lo heredó, quizás sin querer. He aquí el poder político de este personaje y ni que decir de su poder económico.

Bajo este escenario, el origen de los precandidatos priístas que hoy contienden por la candidatura de gobernador es muy simple. Por un lado tenemos a Chuy María, vinculado por su origen a Montemayor y por el otro al resto de los candidatos, integrantes de los dos grupos tradicionales del PRI.

Ante las actuales circunstancias, donde compite contra el resto, Chuy María no tiene nada que perder y si mucho que ganar: una gubernatura. Poseedor de una fortuna que le da una seguridad tremenda para desafiar a su propio partido, Chuy María sabe que es ahora o nunca, debido a la dificultad por mantenerse durante seis años más como un político aspirante a Gobernador. Ahora bien la posibilidad de ver una fractura iniciada por Alejandro Gutiérrez, Raúl Sifuentes o Humberto Moreira es casi nula, ni que decir sobre Miguel Arizpe. Las razones son variadas.

El primero no cuenta con la fuerza suficiente entre el electorado (y en las bases del PRI) como para lanzarse a una aventura así y contender desde otro partido político. Su fortaleza radica en su capacidad para construir soluciones y alternativas a problemas serios (caso PEMEX por ejemplo) y en su habilidad para establecer puentes con el sector empresarial. Por su perfil sería un magnífico secretario de desarrollo económico, aunque dudo mucho que se incline por un cargo dentro del gabinete estatal en caso de que su partido gane la elección, o bien un excelente candidato a la reelección de senador por Coahuila (lástima que no haya).

Por su parte Humberto Moreira sabe que no pierde mucho en caso de no ser electo candidato. Su fortaleza radica en su juventud y en las redes magisteriales desarrolladas hábilmente desde años atrás y que pueden permanecer ahí por otros seis años. El Alcalde ya ganó con el proceso interno una mayor penetración entre el electorado, además de permitirle ampliar su marco de influencia más allá de su grupo tradicional.

Moreira ha hecho un juego inteligente de su figura durante su cargo como Alcalde aunque ciertamente muy cuestionado por el presunto uso de recursos públicos, he aquí una de sus principales debilidades, que bien pudiera ser engrandecida en un buen debate interno. Por lo pronto esta colocando su nombre para, en caso de no ganar, ser considerado como un fuerte aspirante a la senaduría, cargo que le permitiría seguir viajando por todo el Estado durante seis largos años.

Sifuentes parece el tipo de político disciplinado que aceptaría su no postulación y en política lo que aparenta es. La novedad en el proceso interno del PRI la esta poniendo Miguel Arizpe quien de último minuto decidió entrar a la contienda. Con un perfil que inspira confianza y mesura por un lado pero falta de empuje por el otro, Arizpe Jiménez parece estar haciendo válidos los pronósticos de quienes lo mencionaban como el caballo negro de la carrera.

Con los ánimos alzados entre Sifuentes, Moreira y Chuy María, Jiménez pudiera ser el candidato de unidad que tanto pretende el delegado del CEN del PRI en Coahuila. Sin embargo me queda la pregunta ¿Permanecerá Chuy María dentro del PRI ante una posible derrota interna aun y cuando esta se diera sin cargada?

Si yo fuera el la aceptaría sin problema alguno. El electorado hoy es más educado y reconocería su derrota como legítima, al menos que tenga un As bajo la manga que le indique que cuenta con ese “algo” que hace a los políticos ganar en la derrota.

Glosa: la campaña por la gubernatura del Estado de México tiene una

característica que siempre se da en los procesos electorales de los países desarrollados: debate. Son ya varios los debates entre los tres candidatos y aunque ciertamente no han sabido colocar sus propuestas (las acusaciones pululan), al menos el espacio esta dado. Ojalá en Coahuila se dé un ejercicio similar. Sus bondades no necesitan ser explicadas.

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Review: neumáticos Maxxis Rambler

Una de las marcas de neumáticos más reconocidas mundialmente en el ámbito del ciclismo es Maxxis. Con sede en Taiwán, esta empresa que emple...